El sonido del teléfono la arranca súbitamente del sueño; decide no atender la llamada entrante, “no debe ser importante” piensa para sí. Inútilmente intenta volver a dormirse, luego de 20 minutos sale de su cómoda cama frustrada y se viste lentamente. Luego escucha su celular sonando a la melodía de su canción favorita: “1 mensaje nuevo”. Nuevamente, decide no contestar, es más, ni siquiera se molesta en verlo, “No estoy de humor para esto”.
Baja despacio las escaleras y se dirige a la cocina, su madre que estaba allí comienza a hablarle pero ella no escucha lo que dice, sólo asiente con la cabeza. La madre espera respuesta, “Estoy de mal humor” contesta ella.
Se siente mal pero no físicamente, no entiende lo que le sucede, todo a su alrededor le molesta, está ansiosa, frustrada e irritada; no sabe la razón de su malestar y eso la confunde. Es como si inconscientemente sabe lo que va a acontecer.
Cuando su madre al fin se fue y sus sentimientos parecen estar cediendo, se sienta frente a la PC y abre su casilla de correos. Allí estaba, el mail que tanto temía encontrar. Lo observa con vacilación, “¿debería leerlo?” y se propone abrirlo, “quizás no es tan malo como lo pienso”.
En el instante en que lee las primeras palabras sabe que se ha equivocado, es peor a lo que se hubiera imaginado. Una a una leía las palabras que brillaban en el monitor, y cada una se sentía como una puñalada directa al corazón. A medida que avanzaba podía percibir su estómago haciéndose un nudo cada vez más grande; sentía su pecho oprimido de manera tal que tuvo que concentrarse en respirar. Sus ojos se fueron llenando lentamente de lágrimas, no tenía sentido intentar contenerlas, ya que una vez que la primera se escabulló, comenzó a llorar a mares, desconsoladamente.
Entre sollozos apaga la PC, necesita salir de ese lugar, se siente atrapada, claustrofóbica; se aleja corriendo hacia el patio e inspira profundamente una bocanada de aire fresco. Sin embargo no fue de gran ayuda, las lágrimas siguen fluyendo sin control.
Se dirige a la casa, hacia el baño y mientras se mira al espejo, viendo las lágrimas corriendo por su mejilla una tras otra, parecen no tener fin. Se obliga a sí misma detener el llanto, “¡Basta!”, se dice a sí misma una y otra vez sin éxito. Luego de lo que pareció una eternidad logra calmarse, ya no se encuentra triste, ya no puede reír, ya no siente nada, está completamente entumecida. Las lágrimas que tanto quiso que se vayan, se llevaron consigo todo sentimiento; se llevaron su ser, le han robado el alma….
